Informe Semanal del 14/04/2021

1) La experiencia enseña que, a veces, cuando estamos entre la espada y la pared, encontramos recursos insospechados. Así, no es de extrañar que Estados Unidos, contra la pared de la deuda, haya redescubierto hace poco una fuente de financiación que ha ido reduciendo constantemente durante los últimos años, e incluso décadas: el impuesto de sociedades. Por ello, la Secretaria del Tesoro, Janet Yellen, acaba de anunciar que Estados Unidos está considerando forjar un amplio consenso global sobre una tasa mínima en el impuesto de sociedades. Sería del 21 al 28% para los beneficios generados en su territorio, y un mínimo del 21% para los beneficios obtenidos en otras partes del mundo. Una tasa modesta en comparación con lo que ya se aplica en muchos países, especialmente en Europa, pero que constituye una revolución en Estados Unidos, donde el último movimiento en esta cuestión -llevado a cabo por D. Trump poco después de asumir el cargo-, fue precisamente bajar dicho índice. 

Si Estados Unidos cambia repentinamente su doctrina no es sólo porque acaba de pasar a una administración demócrata, sino por interés bien entendido, en un momento en que el Estado está gastando (casi) sin medida. Efectivamente, la suma de estímulos fiscales que Estados Unidos ha puesto en marcha para superar la crisis del Covid-19 se acerca al 27% de su PIB, según el FMI. Y aún no ha terminado: se está discutiendo un nuevo plan, sobre todo en relación con las infraestructuras, que podría llegar a los 2,25 billones de dólares a lo largo de ocho años. Por ahora, estos gastos se financian fácilmente con la deuda, comprada a su vez en gran medida por la Fed. Pero este mecanismo no puede continuar indefinidamente. Si la economía estadounidense se recupera, gracias en parte a este estímulo extraordinario, la Fed ya no tendrá legitimidad para comprar tanta deuda. Y en este caso hay pocas opciones: si excluimos recurrir a una inflación galopante -que nadie quiere-, lo único que queda es subir los impuestos.

La ventaja de Estados Unidos es que la mayoría de países están contra las cuerdas de la deuda. Por lo tanto, pueden contar con una amplia cooperación mundial para subir impuestos. Naturalmente, Francia y Alemania son sus primeros partidarios…

¿Qué consecuencias tendría esto en los mercados financieros? En general, las empresas estadounidenses podrían resultar algo menos rentables tras los impuestos. Esto podría afectar a sus cotizaciones en Bolsa. Pero no todas sufrirán el mismo impacto: según un estudio de Bloomberg, las más afectadas se encuentran en los sectores de tecnología y saluda diferencia de los sectores de energía, materiales y consumo corriente, que sufrirán un impacto menor. Las grandes capitalizaciones -cuya proporción de ingresos extranjeros suele ser más elevada que en las pequeñas-, se ven más afectadas, sobre todo porque las cinco principales son, precisamente, acciones relacionadas con el sector de la tecnología.

Al mismo tiempo, si el Estado se financia mejor a través de los impuestos, podría tener que emitir menos deuda, lo que podría frenar la subida de los tipos. Este factor es más favorable a las acciones tipificadas de “crecimiento”, como la tecnología. Por lo tanto, esto podría dar lugar a un equilibrio en cuanto a tipo de valor.

Así pues, los efectos de este cambio serán múltiples, y a día de hoy nadie puede predecirlos con seguridad. Excepto su efecto principal: mejor financiado y menos dependiente de la deuda, el gobierno estadounidense podría volver a una forma de financiación más sostenible. Y no sólo este país, sino una gran parte del mundo, que seguiría su ejemplo: la guerra a la reducción de impuestos debería desestabilizar menos a los Estados que cooperen. Los francotiradores resistirán, sin duda, pero todo dependerá de su tamaño: si son sólo unos pocos “paraísos”, no será un problema. Aunque si se tratara de China, la cuestión sería diferente. Estados Unidos no puede permitir que China se convierta en un paraíso empresarial. Afortunadamente para el país americano, el riesgo no es flagrante hoy en día. Pero, ¿y a la larga? 

2) Los precios de producción estadounidenses, excluyendo alimentación y energía, han aumentado un 3,1% interanual, un nivel inédito desde hace 10 años, por encima del consenso -ya alcista- del 2,6%. La inflación no es una fantasía: está ahí. Sin embargo, veamos las cosas en perspectiva. En primer lugar, se trata de precios de producción, no de consumo. Esta inflación no tiene porqué repercutirse totalmente al consumidor. En segundo lugar, cuidado con los efectos básicos: marzo de 2020 constituye un mínimo para muchos datos sobre la inflación. Es lógico que un año después, los precios se normalicen considerablemente.

4) La selección de valores de la semana: WAVESTONE – Confianza para el ejercicio y más allá 

La actualidad. Cambio de tono en WAVESTONE, tras un agitado 2020 para la consultora francesa, que se muestra optimista y mantiene sus objetivos de crecimiento y de margen para 2021.

Nuestro análisis. La crisis del Covid-19 se ha traducido para el sector de la consultoría en una brusca congelación de los pedidos de nuevos encargos. La tasa de actividad ha aumentado gradualmente a partir del segundo semestre de 2020, sobre todo con un excelente nivel de pedidos recibidos en el tercer trimestre. El grupo, que ha reanudado la contratación de consultores que seguía congelado hasta ahora, planea contratar a 400 nuevos colaboradores en 2021. A dos segmentos de clientes les va especialmente bien: la energía y los operadores de servicios públicos. La industria sigue a la zaga, arrastrada a la baja por el sector del automóvil, a pesar de un índice de actividad sólido en la industria farmacéutica. Se confirman los objetivos para 2021, y los grandes contratos de transformación que empiezan a llegar movilizarán más a mayor número de consultores. Algunos sectores -como el transporte y la distribución- no han vuelto a su nivel de actividad previo a la pandemia. Sin embargo, el mensaje del especialista en consultoría sigue siendo de confianza, sobre todo en el potencial de crecimiento de la ciberseguridad.  

En conclusión. La dirección de WAVESTONE se muestra optimista sobre las tendencias a corto y a medio plazo, lo que contrasta con el discurso del verano de 2020. A nuestro juicio, la empresa ha resistido bien a la crisis y debería beneficiarse de la reapertura de las economías, como todo el sector de la consultoría, que tradicionalmente ha tenido una fuerte correlación con los efectos del ciclo. 

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